FAUSTO


FÓRCIDA
No son bandidos, pero uno de ellos es su jefe. No le
censuro, por más que me haya hecho ya una visita. Bien
podía quitármelo todo, pero se contentó con unos pocos
presentes voluntarios, como los calificaba él, no tributos.

HELENA
¿Qué traza tiene?

FÓRCIDA
No es mala. A mí me parece bien. Es un hombre listo,
audaz, muy instruido, un hombre inteligente como hay
pocos entre los griegos. Tildan a ese pueblo de bárbaro; mas
no creo que haya uno tan cruel como una porción de héroes,
que frente a Ilión dieron muestras de ser unos caníbales. Yo
atiendo a su nobleza, a él me confié... ¡Y su castillo! Tendríais
que verlo con vuestros propios ojos. Es una cosa muy
distinta de las chapuceras murallas que vuestros padres
hacinaron sin orden ni concierto, ciclópeamente, como
Cíclopes echando de golpe piedra bruta sobre piedra bruta.
Allí, por el contrario, allí todo está hecho a plomo, a nivel y
según la regla. Vedlo desde fuera. Elévase hacia el cielo tan
enhiesto, todo tan bien ajustado, terso y espejante como
bruñido acero. ¡Trepar por allí...! ¡Ya! el pensamiento mismo
resbala. Y por dentro, los vastos recintos de grandes patios,
por todas partes rodeados de construcciones de toda suerte y
para todos los fines. Allí veríais columnas y columnitas, arcos



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