JOHAN WOLFGANG GOETHE


tilo resonaban a lo lejos: ¡Ole! ¡Ole! ¡Viva la alegría! Gritos, y
dale con el arco al violín.

UN VIEJO ALDEANO
Hermoso es por vuestra parte, señor doctor, el no
desdeñarnos en el día de hoy y pasear entre este numeroso
gentío siendo vos un sabio tan eminente. Aceptad, pues, el
más bello jarro, que hemos llenado de fresca bebida. Os lo
presento deseando vivamente que no sólo apague vuestra
sed, sino también que cada gota que contiene sea un día más
añadido a los de vuestra existencia.

FAUSTO
Acepto esa refrigerante bebida, y en retorno, junto con mi
agradecimiento, os deseo salud a todos.
(La gente se reúne alrededor formando círculo).

EL VIEJO ALDEANO
Ciertamente, muy bien hicisteis en dejaros ver por aquí en
día tan alegre, ya que en otro tiempo y en calamitosos días os
mostrásteis con nosotros muy benévolo. Más de uno hay
aquí lleno de vida, a quien vuestro padre arrancó por fin al
ardiente furor de la fiebre cuando puso término a la
pestilencia. Y vos también, joven como érais entonces,
acudíais a todas las casas donde había enfermos; llevábanse
no pocos cadáveres, mas vos salíais de allí sano y salvo.
Habéis soportado multi-tud de duras pruebas; a nuestro
salvador salvó el Salvador de lo alto.

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