JOHAN WOLFGANG GOETHE


Pronto está dicho. De la Reina tan sólo depende salvarse
ella mis-ma y salvaros a vosotras, sus aditamientos, con ella.
Es menester tomar un partido, y el más rápido posible.

EL CORO
Tú, la más venerable de las Parcas, la más sabia de las Si-
bilas, ten cerradas las áureas tijeras, y anúncianos luego la luz
y la salvación. Porque sentimos ya con disgusto nuestros
delicados miembros pendientes en el aire, oscilando y
bamboleándose, ellos que de mejor gana se recrearían
primero en la danza, para reposar después contra el pecho
del amado.

HELENA
Déjalas que tiemblen. Aflicción siento, que no temor.
Con todo, si sabes un medio de salvación, acéptalo sea con
gratitud. Sin duda, al inteligente, al previsor, aun lo imposible
se ofrece a menudo como hacedero. Habla e indícalo.

EL CORO
Habla y dinos, dinos presto cómo escaparemos a los
horribles, a los repugnantes lazos que amenazan arrollarse
alrededor de nuestro cuello, cual pésimas gargantillas.
Nosotras, infelices, lo presentimos hasta el punto de
ahogarnos y perder el aliento, si tú, Rhea, excelsa madre de
todos los dioses, no te apiadas de nosotras.

FÓRCIDA

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