JOHAN WOLFGANG GOETHE


FÓRCIDA
Pero mientras en lejanas tierras adquiría él con las armas
la herencia de Creta, a ti, solitaria esposa, se presentó a la
sazón un huésped hermoso en demasía.

HELENA
¿Por qué me traes a la memoria aquella viudez a medias y
el horrible quebranto que de ello para mí resultó?

FÓRCIDA
También a mí, cretense nacida libre, aquella expedición
me causó el cautiverio y una larga esclavitud.

HELENA
Luego te puso aquí en calidad de ama de gobierno,
confiándote buen número de cosas, la morada y el tesoro
audazmente adquirido.

FÓRCIDA
Que tú abandonaste vuelta hacia Ilión, la ciudad rodeada
de torres, y hacia los inagotables goces del amor.

HELENA
No me recuerdes tales goces. La inmensidad de un dolor
acerbo en exceso inundó mi pecho y mi cabeza.

FÓRCIDA



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