FAUSTO


hombres, tan seductora como seducida, que enervas la fuerza
del guerrero lo mismo que la del ciudadano! Al veros así
agrupadas, diríase que una nube de langosta se precipita
sobre el campo cubriendo las verdes mieses. ¡Devoradoras
de afanes ajenos! ¡Golosas destructoras de la prosperidad
naciente! ¡Conquistadas, vendidas en el mercado, mercancía
averiada!

HELENA
Aquel que, en presencia de la señora, riñe a las sirvientas,
usurpa temerario el derecho doméstico del ama, pues sólo a
ella toca enaltecer lo que es digno de elogio, así como castigar
lo reprensible. Por otra parte, muy satisfecha estoy de los
servicios que me prestaron ellas cuando la alta fortaleza de
Ilión fué sitiada y acabó por sucumbir. No menos satisfecha
de ellas quedé cuando en nuestra marcha errante sufrimos las
vicisitudes de la angustiosa estrechez, en la que de ordinario
cada cual mira primero por sí mismo. También aquí espero
algo parecido de esta multitud solícita. El amo no inquiere lo
que es el servidor, sino como sirve. Sella el labio, pues, y deja
de mirarlas con esa irónica sonrisa. Hasta aquí guardaste bien
la casa del Rey en ausencia de la señora; eso habla en favor
tuyo; pero al presente llega ella en persona. Así, pues, retírate,
no sea que la merecida recompensa se trueque en castigo.

FÓRCIDA
Amenazar a la servidumbre es un noble derecho del cual
la au-gusta esposa del soberano, favorecido de los númenes,

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