FAUSTO


formas, cual nubes ardientes salidas del abismo de fuego de
la montaña, estremece también el pecho del héroe. De tan
pavorosa manera las estigias potestades marcaron hoy para
mí la entrada en la casa que, a semejanza de un huésped
despedido, gustosa quisiera yo alejarme de unos umbrales
tantas veces hollados y por los cuales tanto tiempo suspiré
con afán. Pero ¡no! He retrocedido hasta aquí hacia la luz, y
no me obligaréis a dar un paso más, vosotras, Potencias,
quienesquiera que seáis. Quiero pensar en la consagración, y
luego, una vez purificada, la llama del hogar salude a la
esposa lo mismo que al señor.

LA CORIFEA
Descubre, ¡oh noble mujer!, a tus servidoras, que
respetuosas te asisten, lo que ha ocurrido.

HELENA
Cuanto he visto, lo veréis vosotras mismas con vuestros
ojos si la antigua Noche no ha devorado al instante su obra
haciéndola entrar de nuevo en su profundo seno misterioso.
Ello no obstante, para que lo sepáis, os lo expreso con
palabras. En el punto en que, pensando en el deber más
inmediato, puse el pie con solemnidad en el severo recinto
interior de la casa del Rey quedéme sorprendida a causa del
silencio que reinaba en las desiertas galerías. Ningún rumor
de personas que corrieran diligentes llegaba al oído, ningún
apresuramiento de viva solicitud hería la vista, y no se
presentó ninguna doméstica, ningún ama de gobierno, ellas

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