JOHAN WOLFGANG GOETHE


ventura de Helena, que con tardío pie para regresar, es cierto,
pero tanto más firme, gozosa llega al hogar paterno.
Glorificad a los númenes santos, que reponen y conducen
felizmente a la patria. Quien goza de libertad, se cierne como
si tuviera alas sobre los parajes más abruptos, mientras que,
lánguido y anheloso, el cautivo se consume tendiendo los
brazos por cima de las almenas de su prisión. Mas ella, la
expatriada, cogióla un dios, y de las ruinas de Ilión la ha
vuelto aquí, a la antigua casa paterna nuevamente decorada, a
fin de que, tras alegrías y tormentos indecibles, ella, ya
reanimada, recuerde los primeros tiempos de la juventud.

PANTALIS
(Como corifea). Abandonad ahora la regocijada senda del
canto, y dirigid vuestra vista a los batientes de la puerta. ¡Que
veo, hermanas mías! ¿No vuelve la Reina hacia nosotras,
agitada y con paso violento? ¿Qué es eso, gran Reina? ¿Qué
pudo acontecerte en los recintos de tu morada, en lugar del
homenaje de los tuyos, que tal emoción te causara? No lo
disimulas, pues veo en tu frente la indignación, una noble ira
que lucha con la sorpresa.

HELENA
(Aparece emocionada; ha dejado abiertas las hojas de la puerta). A
la hija de Júpiter no cuadra un temor trivial y la mano leve y
fugaz del miedo no llega a tocarla; pero el espanto que,
surgiendo desde el principio de los tiempos del seno de la
antigua Noche se revuelve y sube aún bajo numerosas

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