JOHAN WOLFGANG GOETHE




EL CORO
Recrea ahora en este magnífico tesoro siempre
acrecentado los ojos y el corazón. Los arreos de la cadena, la
pedrería de la corona reposan allí con altivez pensando ser
algo; pero no tienes más que entrar y retarlos, y al punto se
aprestarán ellos a la lid. Pláceme ver la belleza en lucha con el
oro y las perlas y las piedras preciosas.

HELENA
Luego continuó así la imperiosa palabra del soberano:
"Cuando al fin lo hayas todo examinado por orden, toma
entonces tantos trípodes como creas necesarios y los
diferentes vasos que ha de tener a mano el sacrificador al
celebrar la solemne ceremonia sagrada: los calderos, lo mismo
que las copas y el plato circular: que en grandes jarros esté
prevenida el agua más pura del sagrado manantial; en seguida
ten asimismo dispuesta allí leña seca que fácilmente sea pasto
de la llama, y que, por último, no falte una bien afilada
cuchilla; pero todo lo restante lo fío a tu cuidado." Así dijo,
compeliéndome a separarnos. Mas quien tales mandatos
dicta, nada me designa dotado de aliento de vida que pre-
tenda él inmolar en honor de las divinidades del Olimpo.
Esto da que pensar; con todo, no me inquieto más por ello, y
sea lo que dispongan los altos dioses, quienes obran lo que
en su dictamen les parece mejor; que sea juzgado bueno o
malo por los hombres, nosotros los mortales lo hemos de
soportar. No pocas veces el sacrificador en la consagración

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