FAUSTO


amargo dolor del príncipe y de la adversa fortuna tanto
tiempo experimentada por los griegos? Conquis-tada soy; si
soy cautiva, no lo sé. Pues, en verdad, los inmortales
designaron de un modo ambiguo para mi la celebridad y el
destino, compañeros peligrosos de la belleza, que, aun en este
umbral se yerguen a mi lado con su presencia sombría y
amenazadora. Ya en el cóncavo bajel, sólo rara vez me
miraba mi esposo, sin proferir palabra alguna de consuelo;
cual si meditara algún daño, estaba sentado frente a mí. Mas,
después de haber remontado la profunda bahía del Eurotas y
cuando apenas los espolones de las naves delanteras saluda-
ban la tierra, dijo como inspirado por el numen: "Aquí
desembarcan mis guerreros por su orden; yo les paso revista
alineados en la ribera del mar; pero tú sigue avanzando,
remonta siempre la feraz orilla del Eurotas sagrado; guía los
corceles sobre el césped de la húmeda para-dera hasta que
llegues a la amena planicie donde fué edificada Lacedemonia,
en otro tiempo vasto campo fértil rodeado de cerca por
ásperas montañas. Entra luego en la regia mansión de
elevadas torres, y pásame revista a las sirvientas que allí dejé
con la anciana y discreta ama de gobierno. Haz que ésta te
muestre la rica colección de tesoros, tales como al morir los
dejara tu padre y que yo mismo, tanto en la guerra como en la
paz, he amontonado acreciéndolos sin cesar. Lo hallarás todo
en buen orden, que privilegio es del príncipe encontrarlo
todo puntualmente en su casa cuando a ella vuelve, cada cosa
en su sitio conforme lo dejara; puesto que, por sí mismo, el
servidor no tiene atribuciones para alterar cosa alguna."

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