JOHAN WOLFGANG GOETHE


profesiones y negocios, de la opresión de paredes y techos,
de la aplastadora estrechez de las calles, de la respetable
oscuridad de los templos, todos ellos son atraídos a la luz.
Pero mira, mira cuán presurosa se esparce la multitud por
campos y huertas; mira cómo el río mece en todas
direcciones tantos graciosos esquifes, y como se aleja esta
última navecilla, que de puro cargada está a pique de
zozobrar. Hasta desde las lejanas veredas de la montaña
brillan los vestidos de vivos colores. Oigo ya el barullo de la
aldea. Aquí está el verdadero cielo del pueblo; llenos de
alborozo, todos, grandes y pe-queños, lanzan gritos de
júbilo. Aquí soy hombre: aquí me permito serlo.

WAGNER
El pasearme con vos, señor doctor, es honroso y de
provecho; pero no me extraviaría solo por aquí, pues soy
enemigo de toda rustiquez. El chirriar de los violines, la
algarabía el juego de bolos, todo ello es para mí un ruido
odioso en extremo. Alborotan todos y se agitan frenéticos,
cual movidos por el maligno espíritu, ¡y a eso llaman
divertirse, a eso llaman cantar!




42

41