JOHAN WOLFGANG GOETHE


Con movimiento ligero, con prisa moderada en torno del
carro, formando círculo tras círculo, pronto enlazadas fila
por fila, dispuestas en hileras de ondulación serpentina,
acercaos, vigorosas Nereidas, recias mujeres graciosamente
bravías; conducid, tiernas Dóridas, a Galatea, imagen de su
madre; grave, parecida por su aspecto a los dioses, digna de
inmortalidad; pero, como las graciosas mujeres humanas, de
una gentileza seductora.

LAS DÓRIDAS
(En coro, pasando por delante de Nereo, todas ellas montadas en
delfines). Danos ¡oh Luna! luz y sombra, presta claridad a este
florecimiento de juventud; pues, suplicantes, presentamos a
nuestro padre los esposos amados. (A Nereo.) He aquí unos
mancebos, a quienes libramos del diente feroz de las
rompientes; los tendimos en lechos de juncos y blando
musgo, y a fuerza de calor los retornamos a la luz. Ahora
deben ellos, con besos ardientes, darnos las gracias más
cordiales. Mira propicio a estos agraciados jóvenes.

NEREO
Altamente es de apreciar esa doble ventaja: ser
compasivas y deleitarse a un tiempo.

LAS DÓRIDAS
Si tú, padre, apruebas nuestro proceder, nos das una
alegría bien merecida; déjanos estrecharlos inmortales contra
nuestro pecho eternamente joven.

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