FAUSTO


desconocida, cuyo aplauso mismo llena de in-quietud mi
corazón, y aquellos que en otro tiempo se deleitaban en mi
canto, si alientan aún, vagan por el mundo errantes y
dispersos.
Apodérase de mí un anhelo insólito largo tiempo ha, por
esa plácida y augusta región de los espíritus; fluctúa ahora en
vagos sonidos el murmurio de mi canto, parecido a las
modulaciones del arpa eólica. Un estremecimiento invade mi
sér, las lágrimas suceden a las lágrimas; el yerto corazón
siéntese blando y tierno; lo que poseo, lo percibo como en
lontananza, y lo que desapareció truécase para mí en
palpitante realidad.




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