FAUSTO


monta lo que hemos de suplicar: este mocito que aquí véis,
con buen acuerdo desea nacer.

NEREO
No turbéis uno de mis rarísimos instantes de alegría. Otra
cosa muy diversa estoy esperando hoy. Mandé venir aquí a
todas mis hijas, las Gracias del mar, las Dóridas. Ni el
Olimpo ni vuestro suelo produ-cen un bello conjunto de
criaturas que se mueva de tan airosa manera. Con los más
graciosos ademanes, lánzanse del dragón acuático a los
caballos de Neptuno, tan sutilmente unidas al líquido
elemento que la misma espuma parece aún elevarlas. Llevada
en el juego de colores de la concha de Venus, viene Galatea,
actualmente la más bella de todas, quien, desde que Cipris se
apartó de nosotros, es a su vez adorada en Pafos como diosa.
Y así la agraciada dórida posee mucho tiempo ha, a título de
heredera, la ciudad del templo y el carro del trono. Alejaos de
aquí. En la hora de los goces paternales, no sienta bien el
odio en el corazón ni la invectiva en los labios. Id en busca
de Proteo. Preguntad a ese hacedor de milagros cómo puede
uno nacer y transformarse. (Aléjase en dirección del mar).

THALES
Con este paso, nada hemos adelantado. Si se llega a en-
contrar a Proteo, al punto se desvanece, y si se detiene por
vosotros, no dice al fin sino cosas que le dejan a uno atónito
y confuso. Mas tú tienes necesidad de tales consejos;
probémoslo y sigamos nuestro camino. (Se alejan.)

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