FAUSTO




HOMÚNCULO
Mirad hacia la residencia de los Pigmeos. La montaña era
redonda, al presente es puntiaguda. He sentido un choque
formidable. Una roca ha caído de la luna, y al punto ha
aplastado, ha dejado sin vida indistintamente lo mismo a los
amigos que a los enemigos. Con todo eso, no puedo menos
de admirar unos artificios creadores, que, en una sola noche,
han llevado a cabo, a la vez de abajo y de arriba, esta
construcción montañosa.

THALES
¡Sosiégate! ¡No fué más que ilusión! ¡Váyase de aquí la
menguada ralea! Felicítate que no hayas sido su rey. Partamos
ahora hacia la alegre fiesta marítima. Allí se espera y se honra
a huéspedes prodigiosos.
(Se alejan.)

MEFISTÓFELES
(Trepando por el lado opuesto). Nada, forzoso es que yo me
arrastre por los empinados escalones, por las rígidas raíces de
las añosas encinas. En mi Harzsl las emanaciones resinosas
tienen algo de la pez, que es de mi gusto; sobre todo el
azufre. . . Pero aquí, entre esos griegos, apenas si hay vestigios
de tales cosas para oler. Curiosidad tendría yo de averiguar
con qué atizan los tormentos y las llamas del infierno.

UNA DRÍADA

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