JOHAN WOLFGANG GOETHE




HOMÚNCULO
(Entre los dos). Permitidme marchar a vuestro lado. Tam-
bién tengo yo vivos deseos de nacer.

ANAXÁGORAS
¿Has hecho salir jamás del légamo, en una sola noche, oh
Thales, una montaña como esta?
THALES
La naturaleza y su flujo viviente nunca estuvieron sujetos
al día ni a la noche ni a las horas. Traza ella con regularidad
toda forma, y ni aun en lo grande hay violencia alguna.

ANAXÁGORAS
Pero aquí la hubo. Un horrible fuego plutónico, la
formidable fuerza explosiva de las exhalaciones eólicas
rompieron la vieja costra del suelo llano, de suerte que una
nueva montaña debió surgir al punto.

THALES
¿Y qué se sigue de eso? Sea en buen hora. Al fin, sea
como fuere, la montaña está ahí. Con tales discusiones,
pierde uno el tiempo de una manera lastimosa, y no se hace
más que llevar del cabestro al paciente pueblo.

ANAXÁGORAS
Pronto la montaña es un hervidero de Mirmidones, que
acuden a habitar las hendiduras de las peñas: Pigmeos,

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