JOHAN WOLFGANG GOETHE


UNA ORÉADA
(Desde lo alto de una peña natural). Sube aquí. Mi montaña es
antigua y se mantiene en su forma primitiva. Honra estos
ásperos senderos de rocas escalonadas, últimas estribaciones
del Pindo. Ya existía yo así innoble cuando huyó Pompeyo
pasando sobre mí. Al lado está el producto de la ilusión que
se desvanecerá al cantar el gallo. A menudo veo yo quimeras
parecidas nacer y disiparse en un abrir y cerrar de ojos.

MEFISTÓFELES
¡Honor a ti, venerable cumbre coronada por las robustas
encinas de tus alturas! La purísima claridad de la luna no
penetra en tus umbrías. Mas, junto a los matorrales, pasa una
luz que brilla muy moderada. ¡Cómo llega todo eso en buena
hora! ¡Pardiez! ¡Es Homúnculo! ¿De dónde vienes
compañerito?

HOMÚNCULO
Voy así revoloteando de un sitio a otro, y gustoso
quisiera nacer, en el mejor sentido de la palabra. Lleno estoy
de impaciencia por romper mi vidrio; pero en lo que he visto
hasta aquí, no quisiera arriesgarme. Sólo que, para decírtelo
en confianza, estoy sobre el rastro de dos filósofos; yo
escuchaba, y decían: ¡Naturaleza! ¡Naturaleza! No quiero
separarme de ellos. Deben de conocer al menos la esencia
terrestre, y acabaré, sin duda, por saber hacia que lado es más
razonable volverme.



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