JOHAN WOLFGANG GOETHE


¿Quién nos libertará? Nosotros aprontamos el hierro;
ellos forjan las cadenas. No es tiempo aún de emanciparnos;
sed, pues, sumisos.

LAS GRULLAS DE IBICO
¡Gritos de muerte y lamentos de agonía! ¡Angustioso ba-
tir de alas azotando el aire! ¡Que suspiros, qué gemidos
suben hasta nuestras alturas! Todas las garzas reales están ya
exterminadas; el lago se ha enrojecido con su sangre; una
monstruosa codicia roba a la garza real su vistoso adorno,
que al fin ondea sobre el yelmo de esos bribones barrigudos
y patizambos. A vosotras, aliadas de nuestro ejército, que
viajando en hileras, cruzáis el mar, os excitamos a la venganza
en una causa que tan de cerca nos toca. Qué nadie escatime
vigor ni sangre. ¡Guerra eterna de esa relea! (Las Grullas se
dispersan gruyendo en los aires).

MEFISTÓFELES
(En la llanura). Bien sabía yo dominar las brujas del Norte;
pero con esos espíritus extranjeros no me hallo muy a gusto.
El Blocksberg es un sitio muy cómodo; dondequiera que
uno esté se halla como en familia. La señora Isabelita vela
por nosotros en lo alto de su roca; sobre su eminencia, estará
Enrique tan ufano; los Roncadores, no puede negarse, tratan
con aspereza a la Miseria, bien que todo está asegurado por
miles de años. Pero aquí, ¿quién sabe tan siquiera adónde va
y dónde se halla, y si el suelo no se hinchará bajo sus pies?
Marcho tan campante por un valle liso e igual, y de golpe,

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