FAUSTO


propio en el paraíso, pero encontramos esto que no hay más
que pedir, y con gratitud bendecimos nuestra estrella; pues, lo
mismo en Oriente que en Occidente, la madre Tierra
engendra gustosa.

LOS DÁCTILOS
Si en una sola noche ha dado ella a luz a los pequeños,
engendra-rá a los mínimos, y encontrarán ellos también sus
semejantes.

EL MÁS VIEJO DE LOS PIGMEOS
Daos prisa en ocupar un sitio cómodo. ¡Pronto! ¡al avío!
Rapidez en lugar de fuerza. Hay paz todavía. Labraos la
fragua para proveer al ejército de arneses y armas ofensivas.
Vosotras todas, Hormigas, muchedumbre diligente,
deparadnos metales. Y vosotros, Dáctilos, minúsculos y tan
numerosos, recibid orden de ir en busca de leña. Aglomerad
ocultas llamas, suministradnos carbón.

EL GENERALÍSIMO DE LOS PIGMEOS
Con la flecha y el arco, poneos resueltamente en marcha.
Junto a aquel estanque tirad a las garzas reales, que anidan
innumerables pavoneándose con altivez; tirad de un golpe,
todos como uno solo, para exhibirnos con yelmo y penacho.

LAS HORMIGAS Y LOS DÁCTILOS




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