FAUSTO




SEISMOS
Que yo solo he obrado esto, no se me negará al fin, y si
no hubiese sacudido y agitado con violencia, ¿cómo fuera
tan bello este mundo? ¿Cómo se erguirían vuestras montañas
allá arriba en el magnífico y puro azul del éter, si no las
hubiese yo empujado hacia fuera para ofrecer un espectáculo
pintoresco y encantador, cuando en presencia de nuestros
primeros abuelos, la Noche y el Caos, yo me porté con
bravura, y en compañía de los Titanes jugué, cual si fueran
pelotas, con el Pelión y el Osa. En nuestro ardor juvenil
seguimos haciendo locuras hasta que al fin, cansados ya, con
mano impía colocamos, como un doble casquete, los dos
montes sobre el Parnaso. En esta gozosa mansión reside
ahora Apolo con el bienaventurado coro de las Musas, y a
Júpiter mismo y a las flechas de sus rayos, yo erigí en lo alto
un trono encumbrado. Al presente, con un descomunal es-
fuerzo, he surgido del fondo del abismo, e invito en alta voz
a gozar de una nueva vida a alegres habitantes.

LAS ESFINGES
Habría que confesar que es antiquísima la montaña aquí
levanta-da, a no haber visto nosotras mismas de qué modo se
ha esforzado la tierra en vomitarla de su seno. Extiéndese
hacia arriba un espeso bosque, aun se oprimen peñas contra
peñas al moverse hacia aquí. Pero una Esfinge no hará de
ello caso alguno, nosotras no nos dejamos turbar en nuestro
asiento sagrado.

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