FAUSTO


complacido, y sigue su rumbo veloz por entre los demás; su
plumaje se ahueca hinchándose; la onda misma, undulando
sobre las ondas, lánzase en dirección del sitio sagrado... Los
otros cisnes nadan de una parte a otra con sus plumas de
suave brillo, y pronto se empeña entre ellos una viva y
aparatosa lucha para que se alejen las asustadizas doncellas y,
olvidando su servicio, no piensen más que en su propia
seguridad.

LAS NINFAS
(En coro). Aplicad, hermanas, el oído contra el verde su-
bidero de la orilla; si mal no oigo, ello semeja el ruido que
produce el casco de un corcel. Quisiera saber quién trae esta
noche el rápido mensaje.

FAUSTO
Paréceme como si temblara la tierra resonando bajo el
raudo paso de un bridón. ¡Hacia allí, ojos míos! ¿Debe ya
llegar a mí una suerte favorable? ¡Oh prodigio sin igual!
Viene un jinete al trote; parece dotado de talento y valor, y
llevado por un caballo de blancura deslumbradora... No me
engaño, le conozco ya: ¡él renombradrado hijo de Filira...
¡Tente, Quirón! ¡Alto! Tengo que decirte...

QUIRÓN
¿Que ocurre? ¿Qué es ello?

FAUSTO

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