FAUSTO




LAS SIRENAS
Pero eso no te haría tampoco falta alguna... Cuando
Ulises se detuvo entre nosotras sin pasar de prisa lanzando
improperios, sabía muchas cosas que contar; todo te lo
confiaríamos si quisieras venirte a nuestras regiones junto al
verde mar.

UNA ESFINGE
No te dejes engañar, noble señor. En vez de hacerte atar
como Ulises, deja que te liguen nuestros buenos consejos. Si
puedes encontrar el egregio Quirón, sabrás lo que yo te
prometí.
(Fausto se aleja).

MEFISTÓFELES
(Desazonado). ¿Qué es aquello que pasa graznando y ba-
tiendo las alas, tan veloz que no se le puede distinguir, y
siempre uno tras otro? Fatigarían al cazador.

LAS ESFINGES
Comparables a los tempestuosos aquilones de invierno y
apenas accesibles a las saetas de Alcides, son las raudas Estin-
fálidas con su pico de buitre y sus patas de ansar. Nos
saludan amistosamente con tales graznidos. De buen grado
quisieran ellas exhibirse como de una casta igual en nuestros
círculos.



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