FAUSTO


extraño resplandor maravilloso de la noche, congrégase la
turba del mito helénico. En derredor de todas las ho-gueras,
flota incierta o se sienta cómodamente la fabulosa creación
de antiguos días... La luna no está en su lleno, cierto es; pero,
brillante y serena, elévase difundiendo por doquiera su dulce
claridad; desaparece la ilusión de las tiendas; los fuegos arden
con luz azulada. Mas, ¿qué inesperado meteoro será ese que
sobre mí se cierne? Resplandece e ilumina un globo
corpóreo. Husmeo la vida. En este caso, no me puede con-
venir acercarme a un ser viviente, pues soy funesta para él;
esto me acarrea un mal nombre y no me reporta el menor
provecho. Ya desciende. Después de pensarlo con madurez,
yo me esquivo. (Se aleja.)
Los VIAJEROS AÉREOS, en lo alto

HOMÚNCULO
Demos una vuelta más por encima de los horrores de las
llamas y del espanto, pues el fondo del valle ofrece un
aspecto altamente fantástico.

MEFISTÓFELES
Cuando, como si fuera por la antigua ventana, en el fango
y el horror del Norte, veo espeluznantes fantasmas, lo mismo
aquí que allí siéntome muy a mi gusto.

HOMÚNCULO
¡Mira! Por allí se aleja, dando zancadas, una estantigua
delante de nosotros.

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