JOHAN WOLFGANG GOETHE


NOCHE DE WALPURGIS CLÁSICA

Campos de Farsalia. Oscuridad

ERICTO
Para la horripilante fiesta de esta noche, llego aquí, como
tantas otras veces, yo, la sombría Ericto, no tan espantosa,
empero, como en su exageración me difaman los malditos
poetas, que no agotan jamás elogios ni vituperios... A lo lejos,
paréceme que el valle está cubierto de blancura por la oleada
de las grises tiendas de campaña, cual visión retrospectiva de
la noche más azarosa y siniestra. ¡Cuántas veces se ha
repetido ya tal espectáculo y se renovará sin cesar
eternamente...!Nadie cede el imperio a otro; nadie deja de
envidiarlo a quien lo ha conquista-do por la fuerza, y por la
fuerza domina. Pues no hay uno, incapaz de gobernarse a sí
mismo, que no arda en deseos de gobernar la voluntad del
vecino según sus propias miras orgullosas... Aquí mismo, con
la guerra, se dió un buen ejemplo: vióse cómo al más fuerte
se opone la fuerza, cómo se hace trizas la hermosa corona de
mil flores de la libertad, cómo en torno de la cabeza del
dominador se dobla el rígido laurel. Aquí soñaba Pompeyo el
Magno con un día florido de su primera grandeza. Allí
velaba César observando atento el fiel de la balanza. Van a
medirse de nuevo, pero el mundo sabe a quién sonrió la
suerte. Arden los fuegos de la guardia del campo
despidiendo rojizas llamas; la tierra exhala, cual reflejo
luminoso, el vaho de la sangre derramada, y atraída por el

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