FAUSTO


Venga el manto, y que se extienda alrededor del caballero.
Ese guiñapo os llevará, como hasta ahora, al uno y al otro.
Yo voy delante para alumbraros.
WAGNER
(Con angustia). ¿Y yo?

HOMÚNCULO
¡Bah! Tú te quedas en casa para hacer alguna cosa de
mayor importancia. Despliega los viejos pergaminos; junta
según las reglas, los elementos vitales y con cuidado
combínalos unos con otros. Considera bien el porqué y
considera más aún el cómo. En tanto que yo recorro una
pequeña parte del mundo, descubro tal vez el puntito sobre
la i. Entonces se ha logrado el principal objeto. Un esfuerzo
tal, bien merece semejante recompensa: oro, honores, gloria,
vida sana y dilatada... y también, quizás, ciencia y virtud.
¡Adiós!

WAGNER
(Desolado). ¡Adiós! Esto me oprime el corazón. Temo ya
no vol-ver a verte jamás.

MEFISTÓFELES
Ahora, ¡resueltamente al Peneo! No hay que desairar al
señor primo. (A los espectadores.) Al fin dependemos siempre
de las criaturas que son obra nuestra.




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