JOHAN WOLFGANG GOETHE


Deja a los hombres su natural indómito; es menester que
cada uno se defienda como pueda desde niño; así llega
finalmente a ser hombre. Ahora sólo se trata de saber cómo
puede sanar este infeliz. Si cuentas con algún medio, haz aquí
mismo la prueba; si nada puedes hacer, déjalo entonces para
mí.

MEFISTÓFELES
Más de una pequeña escena del Brocken habría para ensa-
yar, pero encuentro echados los cerrojos del paganismo. El
pueblo griego nunca valió gran cosa, pero os deslumbra con
su libre sensualismo y seduce el corazón humano con
pecados risueños, mientras que los nuestros siempre los
encontrarán tenebrosos. Y ahora, ¿qué hay que hacer?

HOMÚNCULO
Sin duda, no eres tímido de ordinario, y si yo te hablo de
las hechiceras de Tesalia, creo haber dicho algo.

MEFISTÓFELES
(Con avidez). ¡Las hechiceras de Tesalial ¡Muy bien! Son
perso-nas ésas de quienes me informé mucho tiempo ha. Pa-
sar con ellas no-che tras noche, no creo que sea muy
divertido; pero como visita, como ensayo...

HOMÚNCULO




340

339