JOHAN WOLFGANG GOETHE


¡Qué de cosas no tienes tú que contar! Todo lo que tienes
de di-minuto, tienes de gran visionario. Yo nada veo...

HOMÚNCULO
Lo creo así. Tú, que eres del Norte y naciste en la edad
nebulosa, en el caos de la caballería y del poder clerical,
¿cómo estarían expe-ditos tus ojos aquí? Sólo en medio de
las sombras estás en tu elemento. (Mirando en derredor.) ¡Mole
de piedra negruzca, enmohecida, repug-nante, de arcos
ojivales, ruín, recargada de adornos de pésimo gusto! Si llega
él a despertar, eso le dará nueva pesadumbre, y se quedará
muerto al punto aquí mismo. Fuentes en medio de la
arboleda, cisnes, desuní-das beldades, tal era su sueño lleno
de presentimientos; ¿cómo podría habituarse a este sitio? Yo,
el más acomodadizo de los seres, apenas puedo sufrirlo.
Partamos ahora con él,

MEFISTÓFELES
La escapatoria ha de gustarme.

HOMÚNCULO
Manda al guerrero al combate; lleva la joven al baile, y así
se arregla todo en seguida. Esta es precisamente, ahora lo
recuerdo, la clásica noche de Walpurgis. No podía
presentarse ocasión mejor para conducirle a su elemento.

MEFISTÓFELES
Jamás oí hablar de tal cosa.

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