JOHAN WOLFGANG GOETHE


(Dentro de la redoma, a Wagner). ¡Hola, querido papá!
¿Cómo va eso? De cierto, no era cosa de risa. Ven, estrécha-
me muy tierna-mente contra tu corazón. Pero cuidado con
apretar mucho, para que no se quiebre el vidrio. Ved ahí lo
que son las cosas: para lo natural, apenas basta el universo,
mientras que lo artificial sólo requiere un reducido espacio.
(A Mefistófeles.) ¿Tú por aquí, buena pieza? Mi señor primo,
en el momento oportuno te doy las gracias. Un hado feliz te
condujo aquí entre nosotros; ya que existo, debo también
mostrarme activo. Quisiera disponerme ahora mismo para el
trabajo; tú eres hábil para acortarme los caminos.

WAGNER
Una palabra no más. Hasta el presente he debido verme
confuso, pues viejos y jóvenes me asediaban con problemas.
Por ejemplo: nadie ha podido comprender todavía cómo el
alma y el cuerpo, que tan bien se relacionan, se hallan unidos
de un modo tan estrecho como si jamás debieran separarse, y
no obstante, se amargan sin cesar la vida. Además...

MEFISTÓFELES
¡Alto ahí! Yo quisiera mejor preguntar: ¿por qué marido y
mujer se llevan tal mal? Eso, amigo mío, no llegarás nunca a
ponerlo en claro. Bastante hay que hacer aquí, y eso
precisamente es lo que quiere el chiquitín.

HOMÚNCULO
¿Qué hay que hacer?

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