JOHAN WOLFGANG GOETHE


Pascua? Y vosotros, celestes coros, ¿entonáis ya el himno
consolador que largo tiempo ha, en la noche del sepulcro,
salía de los labios de los ángeles, como prenda de nueva
alianza?

CORO DE MUJERES
Con aromas le ungimos nosotras, sus fieles siervas; le
deposita-mos en el sepulcro, le envolvimos con limpias
vendas y blancos cen-dales, y ¡ay! ¡no encontramos a Cristo
aquí!

CORO DE ÁNGELES
¡Cristo ha resucitado! ¡Feliz aquel que ama, aquel que ha
resis-tido la dolorosa, saludable y aleccionadora prueba!

FAUSTO
¿Por qué venís a buscarme en el polvo, dulces y
poderosos acen-tos celestiales? Resonad doquiera que haya
hombres débiles. Oigo bien el mensaje, pero fáltame la fe, y el
hijo mimado de la fe es el milagro. No me atrevo a aspirar a
esas esferas desde donde se deja oír la fausta nueva; y a pesar
de ello, estos acentos a que estoy habituado desde mi niñez,
me llaman ahora de nuevo a la vida. Otras veces, en medio
del austero recogimiento del domingo, descendía sobre mí el
ósculo de amor celeste, entonces resonaba, llena de presagios,
la plenitud del sonido de las campanas, y la plegaria
constituía para mí un férvido deleite; un dulce e inexplicable
anhelo me impelía a divagar por bos-ques y praderas, y

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