JOHAN WOLFGANG GOETHE




EL BACHILLER
Confesad, pues, que vuestra calva cabeza no vale más que
esos cráneos vacíos que están ahí.

MEFISTÓFELES
(Con aire bonachón). ¿No sabes tú, amigo mío, lo grosero
que eres?

EL BACHILLER
En alemán, miente uno cuando se muestra cortés.

MEFISTÓFELES
(Se adelanta cada vez más con su sillón de ruedas hacia el proscenio
y se dirige a la gente del patio.) Aquí arriba me niegan aire y luz.
¿Hallaré acogida entre vosotros?

EL BACHILLER
Encuentro presuntuoso que, hacia el término más ruin, se
pretenda ser algo cuando ya no se es nada. La vida del
hombre está en la sangre, y ¿dónde bulle la sangre como en el
joven? La sangre viva, en fresco vigor, es la que, de la vida, se
hace brotar una vida nueva. Allí todo se agita, allí se hace
algo; lo débil sucumbe, lo fuerte progresa. En tanto que
nosotros hemos conquistado medio mundo, ¿qué habéis
hecho vosotros, pues? Dar cabezadas, cavilar, soñar,
examinar; planes y siempre planes. No hay duda: la vejez es
una fiebre fría en medio del calofrío de una impotencia capri-

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