JOHAN WOLFGANG GOETHE


miedo, estremecíanse los montantes de las puertas, saltaron
los cerrojos. De otra suerte, vos mismo no hubiérais entrado
aquí.

MEFISTÓFELES
¿Dónde se ha metido ese hombre? Conducidme a su
presencia, o traedle acá.

EL FÁMULO
¡Ah! Su prohibición es harto rigurosa, y no sé si puedo
atreverme. Atareado en la grande obra, desde algunos meses
acá vive en el más silencioso retiro, y él, que es el más pulcro
de los hombres de ciencia, tiene toda la facha de un
carbonero; atezado desde las orejas hasta la nariz, encendidos
los ojos a fuerza de soplar en el fuego, y así se consume por
momentos con la música que produce el ruidoso chocar de
las tenazas.

MEFISTÓFELES
¿Me negaría la entrada? Yo soy el hombre que puede
adelantar su dicha.
(Vase el Fámulo. Mefistófeles se sienta con gravedad.)
No bien he tomado sitio aquí, veo moverse allí detrás un
huésped que no me es desconocido. Pero esta vez es de los
más modernos, y va a dar pruebas de una osadía sin límites.

EL BACHILLER



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