JOHAN WOLFGANG GOETHE


de nuevo rector del colegio. Mas ¿de qué me sirve titularme
así? ¿Dónde están los que por tal me reconocen?
(Tira de la campana, que deja oír un sonido agudo, penetrante, por
efecto del cual retiemblan las salas y se abren las puertas bruscamente.)

EL FÁMULO
(Llega vacilante por el largo corredor oscuro). ¡Qué estrépito!
¡Qué sobresalto! La escalera vacila, tiemblan las paredes; a
través de los trémulos vidrios multicolores de las ventanas,
veo la fulguración de la tormenta. Salta y se resquebraja el
pavimento, y de lo alto caen, como menudo granizo, cal y
cascote desprendidos de la bóveda. Y la puerta, a pesar de
sus fuertes cerrojos, se abre con violencia, como empujada
por una fuerza prodigiosa... ¡Qué veo allí! ¡Horror! Un
gigante está en pie, cubierto con la vieja pelliza de Fausto. A
sus miradas, a sus señas, siento doblarse mis rodillas. ¿Debo
huir? ¿Debo quedarme? ¡Ay! ¿qué será de mí?

MEFISTÓFELES
(Haciéndole una seña). Acercáos, amigo mío. ¿No os llamáis
Nicodemus?

EL FÁMULO
Tal es mi nombre, respetable señor... Oremus.

MEFISTÓFELES
Dejemos eso.



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