FAUSTO


lanzarse hacia aquel pasaje, alrededor de cuya estrecha boca
vomita llamas todo el infierno; de resolverse a dar este paso
con faz serena, aun a riesgo de abismarse en la nada.
Desciende ahora y sal de tu viejo estuche, copa de
límpido cristal, que tenía yo olvidada luengos años ha. Lucías
en las rego-cija-das fiestas de mis antepasados, y alegrabas a
los graves comensales según ibas pasando de uno a otro. La
rica magnificencia de tus nume-rosas figuras con tanto arte
labradas, la obligación que tenía el bebe-dor de explicarlas en
rimas y de vaciarte de un solo trago, evocan en mí el recuerdo
de más de una noche de la juventud. No te pasaré ahora a
ningún vecino, ni haré gala de mi ingenio ensalzando tus
primores. He aquí un licor que produce súbita embriaguez.
Su parda onda llena tu cavidad. Yo mismo lo prepararé y lo
elijo para mí. Sea ésta mi liba-ción postrera, que consagro en
este instante, con toda la efusión de mi alma y como solemne
y supremo saludo a la aurora del nuevo día. (Aplica la copa a
sus labios.)
(Tañido de campanas y canto en coro.)

CORO DE ÁNGELES
¡Cristo ha resucitado! ¡Júbilo al mortal, que estaba
encadenado por los funestos e insidiosos vicios hereditarios!

FAUSTO
¿Qué sordo rumor, qué armónicos sonidos arrancan de
un modo violento la copa de mis labios? ¿Anunciáis ya,
broncas campanas la solemne hora primera de la fiesta de

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