FAUSTO




EL ASTRÓLOGO
Empiece al punto el drama su curso: lo manda el Señor.
¡Abríos, paredes! Nada estorbe ya. Aquí tenemos la magia a
nuestra disposición. Desaparecen los tapices, como
arrollados por el fuego; hiéndese el muro de arriba abajo, gira
sobre sí mismo; parece surgir un gran teatro y alumbrarnos
una luz misteriosa. Y yo subo al proscenio.

MEFISTÓFELES
(Sacando la cabeza por la concha del apuntador). Desde aquí
espero granjearme el favor del público; las sugestiones son la
oratoria del diablo. (Al Astrólogo). Tú conoces la regla según
la cual se mueven los astros; también comprenderás
magistralmente mi susurro.

EL ASTRÓLOGO
Mediante un poder maravilloso, aparece aquí a la vista un
antiguo templo de construcción harto maciza. Semejantes a
Atlas, que en pasa-dos tiempos sostenía el Cielo, levántanse
aquí en hilera numerosas columnas. Bien pueden bastar para
esta pesada mole de piedra, cuando dos solas ya sostendrían
un gran edificio.

EL ARQUITECTO
¿Sería eso antiguo? No sabría yo apreciarlo. Burdo y
pesado es como debiera llamarse. Denominan noble a lo
grosero, grandioso a lo chanflón. Columnas sutiles, atrevidas,

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