JOHAN WOLFGANG GOETHE




DEDICATORIA

De nuevo os acercáis, vagas formas que allá en los días de
mi ju-ventud os mostrásteis ya a mi turbada vista. ¿Intentaré
yo reteneros esta vez? ¿Siento mi corazón inclinado todavía a
aquellas ilusiones? Estáis pugnando por acercaros a mí. En
buena hora: podéis disponer, tal como del seno de los
vapores y de la niebla os alzáis en torno mío. Siéntese mi
pecho estremecido como en mis juveniles años por los
mágicos efluvios que en vuestro desfile os envuelven.
Aportáis con vosotras las imágenes de placenteros días;
álzanse muchas sombras amadas, y semejantes a una añeja
leyenda medio olvidada, resurgen con ellas el primer amor y
la primera amistad; renuévase el dolor, y el lamento vuelve a
seguir el laberíntico y extra-viado curso de la vida,
nombrando los seres queridos que, burlados en horas
risueñas por la fortuna, desaparecieron antes que yo.
No oyen ya los siguientes cantos las almas para quienes
yo entoné los primeros; cual polvo se ha esparcido la
multitud cariñosa, y se han ido perdiendo ¡ay! los primeros
ecos. Resuenan mis acentos para una muchedumbre

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