JOHAN WOLFGANG GOETHE


No digas tal; desde antiguos días lo has gustado hasta la
planta de los pies. Ahora, empero, tu ir y venir no es más que
para no cumplirme la palabra. Sin embargo, me importunan
para emprender la obra; el senescal y el chambelán me están
apremiando. El Emperador lo quiere, y hay que hacerlo en
seguida; quiere ver ante él a Helena y Paris; quiere contemplar
en forma patente el modelo de los hombres y el de las
mujeres. ¡Pronto! ¡al avío! No puedo faltar a mi palabra.

MEFISTÓFELES
Desatino fué prometer tan de ligero.

FAUSTO
Tú no has considerado, compañero, adonde nos llevan
tus artifi-cios. Antes, le hemos enriquecido; ahora nos es
preciso divertirle.

MEFISTÓFELES
¿Te figuras que eso se arregla en un abrir y cerrar de ojos?
Aquí nos hallamos delante de escalones más empinados.
Tocas con la mano unos dominios del todo extraños para ti,
y, temerario al fin, contraes nuevas deudas. Piensas evocar a
Helena con igual facilidad que a ese fantasma de papel
moneda. Para estúpidas farsas de brujas, para tramas de
espectros, para enanos con paperas pronto estoy a servirte;
pero las queridas del diablo, sin ánimo de ofenderlas, no
pueden pasar por heroínas.



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