FAUSTO




JARDIN DE RECREO

Sol naciente

EL EMPERADOR y su CORTE; FAUSTO y
MEFISTÓFELES convenientemente vestido, sin extravagancia, al
estilo de la época. Los dos se arrodillan.

FAUSTO
¿Perdonas, Señor, este fantasmagórico juego de llamas?

EL EMPERADOR
(Haciendo seña de que se levanten). Mucho me huelgo con
semejantes diversiones. De golpe me vi en una esfera ardien-
te. Creía casi que yo era Plutón. Una roqueña sima de ti-
nieblas y carbón estaba allí enrojecida por las pavesas. De
este y aquel abismo se elevaban formando remolinos miles y
miles de fieras llamas que se unían osci-lantes a guisa de
bóveda. Serpenteaban hacia arriba lenguas de fuego trazando
una elevadísima cúpula, que siempre se formaba y siempre se
desvanecía. A lo lejos, por entre las retorcidas columnas de

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