FAUSTO


males nos has traído! El próximo día pregonará lo que nadie
puede oír con agrado. No obstante, de todas partes oigo
exclamar: "El Emperador es quien padece tal tormento"..
¡Oh! ¡si fuera cierta otra cosa! El Emperador es presa de las
llamas, lo mismo que su escolta. ¡Maldita sea ella, que la he
arrastrado, que se ha ceñido con ramillos resinosos, sin más
objeto que venir aquí a alboro-tar con chillidos para la
perdición de todos. ¡Oh juventud, juventud! ¿no limitarás
nunca el regocijo a su justa medida? ¡oh majestad, majes-tad!
¿no obrarás nunca de un modo razonable como obras con
omnipo-tencia? Ya consumen el bosque las llamas, que con
su puntiaguda len-gua dirigida hacía arriba, lamen el techo
formado de madera entre-cruzada. Nos amenaza un incendio
general. Colmada está la medida del desastre. No sé quién
podrá salvarnos. En montón de cenizas de una noche yacerá
mañana convertida la rica magnificencia imperial.

PLUTO
Bastante se ha difundido el terror. Tiempo es ya de
disponer el auxilio. ¡Hiere, poder de la sagrada varilla, y que
el suelo tiemble y resuene! Tú, vasto espacio aéreo, llénate de
frescos vapores. Acudid y vagad de un lado a otro,
exhalaciones nebulosas; cubrid, estrías preñadas de lluvia,
esta llameante confusión. Corred, murmurad, encrespaos,
nubecillas; deslizaos ondulantes, sofocad suavemente;
pugnad en todas partes extinguiendo; vosotros, vapores
calmantes, húmedos, transformad en relampagueo este



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