JOHAN WOLFGANG GOETHE


PLUTO
(Al Heraldo). Preciso es que mantengamos nuestro ánimo
a la altura debida y dejemos confiados que suceda lo que ha
de .suceder; por otra parte, estás siempre lleno de firmísimo
valor. Ahora mismo va a ocurrir una cosa muy horrenda, que
el mundo y la posteridad negarán con obstinado empeño;
pero tú consignalo fielmente en tu protocolo.

EL HERALDO
(Tomando la vara que Pluto tiene en la mano). Los enanos
conducen pasito el gran Pan a la fuente del fuego, que, bu-
llidora, sube del más profundo abismo para en seguida
precipitarse de nuevo al fondo, quedando oscura la abierta
boca. Otra vez sube borbotando en ardiente ebullición. El
gran Pan se detiene satisfecho y se recrea con este prodigio.
Una espuma de perlas brota a derecha e izquierda, ¿Cómo
puede él fiarse de semejantes cosas? Inclínase para mirar al
fondo. Mas ved ahí que su barba cae dentro... ¿Quién será
ése de rostro lampiño? La mano lo oculta a nuestra vista...
Ahora sucede una gran catástrofe. La barba se enciende y
vuela subiendo por donde cayera, y abrasa corona y cabeza y
pecho. En dolor truécase la alegría... Para extinguir el fuego,
acude corriendo la multitud, pero nadie queda libre de las
llamas, y cuanto más se manotea y más golpes se dan, más se
avivan las llamas y se multiplican. Envuelto por el voraz
elemento, se abrasa todo un grupo de máscaras. Pero ¡qué
oigo! ¿Qué rumor llega hasta nosotros cundiendo de oído en
oído, de boca en boca? ¡Oh noche para siempre fatal, qué de

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