FAUSTO


más estupendas. Ignoran ellos adonde van, y no han tomado
precaución alguna.
CANTO TUMULTUOSO
¡Tú, plebe acicalada, ostentación de oropel! Avanzan
rudos y cerriles dando grandes brincos en rauda carrera;
preséntanse recios y vigorosos.

LOS FAUNOS
La turba de Faunos, en lúbrica danza, con su corona de
encina en la crespa cabellera y una oreja fina y puntiaguda
que se abre paso a través de la ensortijada cabeza, una
pequeña nariz chata, un rostro ancho, nada de eso perjudica
en el concepto de las mujeres. Cuando el Fauno tiende la
garra, la mujer más linda difícilmente se niega a bailar con él.

UN SÁTIRO
En pos llega ahora el Sátiro dando saltitos con su pie de
cabra y sus enjutas piernas, que para él han de ser flacas y
nervudas. Y seme-jante a la gamuza en la cima del monte, se
deleita mirando en derredor. Confortado luego en medio del
aire de la libertad, se ríe del niño, de la mujer y del hombre
que, profundamente sumidos en los vapores y el humo del
valle, creen de buena fe que también viven, siendo así que a
él solo pertenece, puro y apacible, el mundo de allá arriba.

LOS GNOMOS
Aquí entra andando a pequeños pasos la caterva
diminuta. No le gusta a ella juntarse por parejas. Con su

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