FAUSTO


abundancia; donde yo estoy, cada uno se siente en el colmo
de la dicha. Así también vacila a menudo el hombre en esta
vida, donde hay tan opuestos modos de pensar, ¿Debe
abandonarse a ti o a mí? Los tuyos pueden sin duda
entregarse al ocio, pero quien me sigue a mí tendrá siempre
algo que hacer. Yo no ejecuto en secreto mis actos; no hago
más que respirar, y quedo ya descubierto. Adiós, pues. Me
das verdaderamente mi felici-dad. Pero no tienes más que lla-
marme muy quedito, y vuelvo al instante. (Vase como ha
venido).

PLUTO
Hora es ya de soltar los tesoros. Hiero las cerraduras con
la vara del Heraldo. El arca se abre. ¡Mirad! En calderas de
cobre esto se hincha y bulle cual sangre de oro en la que
sobrenada el aderezo de coronas, cadenas, sortijas; sube, y
fundiendo tales joyas, amenaza tragarlas.

CLAMORES ALTERNADOS DE LA MULTITUD
¡Ved ahí! ¡Oh! Ved como esto fluye copiosamente y llena
el arca hasta el borde... Fúndense los vasos de oro; rollos de
moneda van dando vueltas... Saltan ducados como hechos a
cuño. ¡Ah! ¡Cómo agita eso mi pecho...! ¡Cómo contemplo
todo cuanto yo codiciaba! Desde allí vienen rodando por el
suelo... Os lo ofrecen; aprovechaos de ello sin dilación. No
tenéis más que bajaros y os hacéis ricos. . . Nosotros, rápidos
como el rayo, nos apoderamos del arca.



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