FAUSTO


No está mal. Prosigue. A ver si descubres la solución del
enigma.

EL HERALDO
Los rayos de tus negros ojos, la noche de tus rizados
cabellos, alegrada por una cinta de pedrerías, la graciosa
vestidura que flotante cuelga desde tus hombros hasta los
coturnos, con una orla de púrpura y de luciente oropel,
pudieran hacerte tomar por una joven; pero, sea como fuere,
aun ahora mismo podrías ya tener partido entre las
muchachas; ellas te enseñarían el A, B, C.

EL MANCEBO CONDUCTOR
¿Y ese que, como imagen de la magnificencia, resplandece
aquí en él trono del carro?

EL HERALDO
Parece un rey, opulento y bondadoso. ¡Feliz quien su
favor alcanza! Nada más tiene que desear. Indaga su vista
doquiera que haya una necesidad., y el gozo puro que siente
al dar, es mayor aún que la posesión y la bienandanza.

EL MANCEBO CONDUCTOR
No te detengas aquí; tienes que describirle bien
puntualmente.

EL HERALDO



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