JOHAN WOLFGANG GOETHE


WAGNER
Perdonad, pero no deja de ser un vivo deleite
transportarse al espíritu de los tiempos para ver cómo pensó
algún sabio antes que nosotros, y considerar después a qué
gloriosas alturas al fin hemos llegado.

FAUSTO
¡Oh, sí! hasta las estrellas. Los tiempos pasados, amigo
mío, son para nosotros un libro de siete sellos. Lo que
llamáis espíritu de los tiempos no es en el fondo otra cosa
que el espíritu particulas de esos señores, en quienes los
tiempos se reflejan y a decir verdad, todo ello resulta muchas
veces una miseria tal que uno se os aparta con asco al primer
golpe de vista. Es un cesto de basura, un cuarto de trastos
viejos, y a lo sumo un mal dramón histórico con excelentes
máximas pragmáticas, de esas que tan bien cuadran en boca
de títeres.

WAGNER
Pero, ¿y el mundo, y el corazón, y el espíritu humano?
¿Quién no desea saber de ello alguna cosa?

FAUSTO
Cierto; ¡lo que así denominan saber! ¿Quién se atreve a
llamar al niño por su nombre verdadero? Los pocos hombres
que han sabido algo de esto, que, asaz insensatos, no
supieron evitar que se desbor-dara su corazón, y
descubrieron al mundo sus sentimientos y sus ideas, en todo

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