JOHAN WOLFGANG GOETHE


distancia colorados destellos; como proyectadas por una
linterna mági-ca, brillan estrellas errantes de vivos matices. Se
acerca resoplando con la violencia del huracán. ¡Abrid paso!
Yo me estremezco.

UN MANCEBO CONDUCTOR DEL CARRO
¡Alto! Atajad vuestro vuelo; bribones; sentid el freno
acostum-brado; dominaos cuando os contengo, partid con
estrépito cuando os aguijo. Honremos estos sitios. Mirad a la
redonda como se multiplican los admiradores, de corro en
corro. ¡Ea! Heraldo, antes que huyamos lejos de vosotros,
descríbenos a tu manera, nómbranos, pues somos alegorías, y
así debieras conocernos.

EL HERALDO
No sabría yo nombrarte; mejor podría describirte.

EL MANCEBO CONDUCTOR
Inténtalo, pues.

EL HERALDO
Preciso es confesarlo; en primer lugar, eres joven y bello.
Eres un mozo medio formado, pero las mujeres, por su
parte, quisieran verte ya del todo cumplido. Me pareces un
galán en ciernes, un verdadero seductor de pura raza.

EL MANCEBO CONDUCTOR



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