FAUSTO


una pareja gemela: la víbora y el murciélago; la una se aleja
arrastrándose por el polvo; el otro, negro, como un tizón,
echa a volar hacia el techo: los dos se apresuran a salir para
una asociación, en la que no quisiera yo ser el tercero.

MURMULLOS
¡Ea, sus! Allí fuera están balando ya... No; yo quisiera
estar lejos de aquí... ¿No sientes cómo nos cerca y entrelaza la
fantástica ralea...? Lo cierto es que ello zumba sobre mis
cabellos... Y eso que antes lo percibía a mis pies... Ninguno
de nosotros está herido... Pero todos estamos dominados por
el espanto... Se aguó por completo la fiesta... Y esos brutos lo
han querido así.

EL HERALDO
Desde que en las mascaradas me confiaron las funciones
de he-raldo, vigilo atento en la puerta, a fin de que nada
funesto venga a sorprendernos en este alegre sitio. No vacilo
ni cedo. Mas temo que por las ventanas entren fantasmas
aéreos, y de aparecidos y hechicerías no sabría yo libraros. Si
el pigmeo se hizo sospechoso, ahora allí detrás hay un gran
desbordamiento. Bien quisiera descubriros, cual corresponde
a mi cargo, el significado de las figuras; pero lo que no se
puede comprender, tampoco os lo sabría yo aclarar.
Ayudadme todos a instruirme. ¿Véis aquello que vaga por
entre la multitud? Tirado por una cuadriga, un carro
suntuoso es conducido a través de todo, pero sin hender al
gentío y sin que vea yo apreturas en parte alguna. Despide a

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