JOHAN WOLFGANG GOETHE


Dos de los más grandes enemigos del hombre, el Temor y
la Esperanza, los tengo encadenados lejos de la multitud.
¡Abrid paso! Estáis a salvo. Guío este coloso viviente, como
véis, cargado con una torre, y anda él paso a paso, sin
fatigarse, por sendas escarpadas. Pero allá arriba, en la
almena, está aquella diosa de ágiles y anchurosas alas, para
dirigirse por doquier a la conquista. Brillando a lo lejos por
todas partes, rodeada está de gloria y esplendor. Victoria tiene
por nombre, y es la diosa de toda actividad.

ZOILO- TERSITES
¡Oh! ¡Oh! A buen punto llego. A todos juntos os tildo de
canallas. Pero lo que por blanco de mis ataques me propuse,
es aquella que está allí en lo alto, la señora Victoria. Con su
par de blancas alas, figúrase sin duda ser un águila, y que
doquiera que se dirija, le pertenecen todo pueblo y toda
tierra, Mas, si algo glorioso llega a feliz término, eso al punto
me mueve a cólera. Ver arriba lo que está abajo, y abajo lo
que está arriba, lo torcido derecho, y lo derecho torcido, es lo
único que me pone de buen temple. Así lo quiero yo en toda
la redondez de la tierra.

EL HERALDO
¡Así te alcance, perro miserable, el golpe de maestro de la
varita! ¡Encógete y retuércete ahí al instante...! Ved como la
doble figura de pigmeo se apelotona de súbito en una masa
repugnante. Mas ¡oh prodigio! La masa se transforma en
huevo, que se hincha y estalla por el medio. Ahora sale de él

268

267