FAUSTO


jacta de sus vicios, no aspiran tampoco ellas a tener fama de
ángeles, y se reconocen como azotes de la ciudad y del
campo.

LAS FURIAS

ALECTO
¿De qué os sirve eso? Os fiaréis de nosotras, pues somos
lindas y jóvenes y gatitas zalameras. Si alguno entre vosotros
tiene una mujer amada, le estaremos recreando los oídos
hasta que podamos decirle cara a cara que al mismo tiempo
ella también guiña el ojo a éste o al de más allá, que tiene
huera la cabeza, que es corcovada de espalda, que cojea; y si
es su prometida, que no vale nada absolutamente. De esta
suerte sabemos también atormentar a la novia, diciéndole que
su mismo amado, hace algunas semanas, habló de ella con
desdén a fulana. Hácense las paces, pero siempre queda algo.

MEGERA
Eso no es más que un juego, puesto que, una vez están
ellos unidos, tomo la cosa por mi cuenta, y bien sé yo, en
todo caso, acibarar con antojos la dicha más pura. El hombre
es variable, y variable son las horas. Y no hay uno solo que,
teniendo en sus brazos el objeto deseado, en medio de la
felicidad suprema a que se habituara, no suspire locamente
por un objeto más apetecido. Huye del sol para ir a calentar
el hielo. En todo esto sé yo la manera de conducirme, y traigo



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