FAUSTO


barullo, nos escurrimos como anguilas a través del api-ñado
gentío, juntos brincamos y juntos promovemos algazara.
Podéis aplaudirnos, podéis censurarnos: nos importa un
pito.

PARÁSITOS
(Codiciosos aduladores). Vosotros, bravos portadores de
leña, y vuestros amigos los carboneros, sois nuestros
hombres; pues todas las reverencias, todos lo signos de
aprobación, las frases sinuosas, la ampulosidad de doble
sentido, que calienta y enfría según como uno lo examina,
¿de qué puede ello servir? En vano fuera que bajase del cielo
un fuego atroz si no hubiese haces de leña y cargas de carbón
para encender el hogar y convertir en ascuas su contenido.
Entonces se asa y se hierve, se guisa y se fríe. El verdadero
gastrónomo, el lameplatos, huele lo que asan, presiente el
pescado; esto mueve a las hazañas en la mesa del protector.

UN BEODO
(Inconsciente). Nada venga hoy a contrariarme. ¡Siéntome
tan li-bre y tan a mis anchas! Nuevos goces y alegres
canciones he venido a buscar. Y así, yo bebo, bebo y vuelvo
a beber. ¡Choquen los vasos! Tin, tin. Tú que estás ahí fuera,
llégate acá. Choquen los vasos y la cosa se acabó.
Mi mujercita gritaba furiosa poniendo mal gesto a este
traje de colorines, y como yo me pavonease, me ha motejado
de mamarracho. Pero yo bebo, bebo y vuelvo a beber.



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