FAUSTO


JARDINEROS
(Canto con acompañamiento de tiorbas). Ved las flores brotar
tranquilas y ceñir hechiceras vuestra cabeza. No pretenden las
frutas seducir; gustándolas es como se puede gozar de ellas.
Morenos semblantes ofrecen cerezas, albérchigos, ciruelas
reales. Comprad. Pues al lado de la lengua y del paladar, el
ojo es mal juez. Venid a saborear con deleite las frutas más
sazonadas. Sobre las rosas se puede poetizar; tratándose de
manzanas, hay que morder. Séanos permitido asociarnos a
vuestra rica flor de juventud, y ostentaremos aparatosa, como
vecinos, la abundancia de nuestras sazonadas mercancías.
Entre gayas guirnal-das, en el seno de vistosas enramadas,
todo se encuentra a la vez: capu-llo, hojas, flor y fruto.
(En medio de un canto alternado, con acompañamiento de vihuelas
y tiorbas, continúan ambos coros arreglando sus mercancías en forma de
altas pirámides, y ofreciéndolas a los concurrentes.)

UNA MADRE Y SU HIJA

LA MADRE
Cuando viniste al mundo, hija mía, te adorné con una
gorrita. ¡Tenías un rostro tan hechicero y un cuerpecito tan
grácil! Pensaba luego verte prometida y desposada después
con el hombre más opu-lento; me figuraba verte ya una
mujercita. ¡Ay! En balde han trans-currido no pocos años; la
variada turba de galanteadores ha pasado de largo con
rapidez; bailabas ligera con uno; hacías a otro muda seña con
el codo. En vano se celebraba toda fiesta que pudiera uno

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