JOHAN WOLFGANG GOETHE


WAGNER
Perdonad; os oí declamar. ¿Leíais, sin duda, una tragedia
griega? Algo quisiera yo aprovechar en este arte, porque hoy
día es cosa de gran efecto. No pocas veces he oído decir en
son de elogio que un comediante podía dar lecciones a un
clérigo.

FAUSTO
Cierto, si el clérigo es un comediante, como puede muy
bien darse el caso algunas veces.
WAGNER
¡Ah! Cuando uno se halla así como encantado en su mu-
seo, sin ver apenas el mundo algún día festivo, y sólo de
lejos, casi no más que con un anteojo, ¿cómo podrá dirigirlo
por medio de la persuasión?

FAUSTO
No lo conseguiréis con todos vuestros afanes si no lo
sentís, si ello no surge de vuestra alma y con encanto muy
poderoso y sostenido no subyuga los corazones de todo el
auditorio. Ya podéis estar siempre clavado en una silla, hacer
una amalgama de todo, aderezar un guiso con los relieves de
ajeno festín y sacar a fuerza de soplo mezquinas llamas de
vuestro puñado de cenizas. Podréis así excitar la admiración
de los niños y de los monos, si tal es vuestro gusto, mas
nunca haréis llegar el corazón a los corazones si ello no os
sale del corazón.



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