JOHAN WOLFGANG GOETHE


deudores, desertaría con toda seguridad. Quien se opone a lo
que todos quieren, ese ha hurgado en el avispero. Saqueado y
devastado está el Imperio que debían ellos defender. Déjase
que su violencia cause fieros estragos; la mitad del mundo
está ya arruinada. Hay todavía reyes fuera de aquí, pero ni
uno solo de ellos piensa que pueda eso importarle lo más
mínimo.

EL TESORERO
¿Quién puede contar con los aliados? los subsidios que
nos habían prometido no llegan, como el agua de las cañerías
averiadas. Además, Señor, en tus vastos, dominios, ¿en qué
manos ha venido a parar la propiedad? Doquiera que uno
vaya, un nuevo dueño ocupa la casa y quiere vivir
independiente, y ha de estarse uno mirando como lo hace.
Tantos derechos hemos abandonado, que no nos queda un
derecho sobre cosa alguna. Por otra parte, no se puede hoy
día tener la menor confianza en los partidos, cualquiera que
sea su nombre; que ellos reprueben o que aplaudan, amor y
odio han venido a ser indiferentes. Los gibelinos, lo mismo
que los güelfos, se ocultan para tomar algún descanso.
¿Quién piensa ahora en ayudar a su vecino? Bastante trabajo
tiene cada cual para sí. Las puertas del oro están atrancadas;
todo el mundo rasca, hinca las uñas y atesora, y nuestras arcas
quedan vacías.

EL SENESCAL



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